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A los 5 años de edad, María, una niña risueña y de familia adinerada, se vio envuelta en un tormento dentro del paraíso en el que vivía. La IIWW se encontraba en su punto más álgido y la vida de María corría peligro. Por fortuna, era demasiado pequeña como para ser consciente de la situación.
En la desesperación, su familia tuvo que adoptar una medida extraordinaria a la vez que la única posible para que la niña de gran sonrisa pudiera sobrevivir.

En otro país y con una nueva identidad, María fue acogida por la Condesa de La Jarosa que pronto la internó en el convento de las carmelitas descalzas, frente a la Alhambra de Granada

Noches de frío y nieve acompañaron su estancia a aquel lugar que se respiraba un ambiente  oscuro y hostil que pronto terminaría con la libertad de María.
Se acercó la Navidad y recibió la visita de su madre que le obsequió con un bello regalo, tan hermoso que perduró en su recuerdo para la eternidad. Era la muñeca más bonita del mundo. Tan hermosa que no quiso sacarla de su propia caja.

Al poco tiempo la desgracia volvería a sacudir a la inocente María. Su muñeca desapareció.

Tras este extraño suceso, María hizo varios intentos de escapar sin éxito ninguno. Aquel lugar la tenía atrapada bajo la directriz de una hermandad estricta. Solían castigarla en un sótano húmedo y oscuro acompañada por tres perros pastores que nunca la alcanzarían porque estaban atados aunque sus ladridos penetraran en su mente sin cesar, creándole terror.
El poder que el mal ejercía sobre María, la enfermó.

Fue entonces cuando se le apareció un ángel, Josefa, la sirviente del hogar de la Condesa, y la rescató. Josefa se había enamorado de la pequeña María desde el primer instante a su llegada. Josefa, originaria de un pueblecito llamado Órjiva en las Alpujarras, consiguió llegar a un acuerdo con la Condesa de La Jarosa para adoptarla y cuidar de María.
Aún así el destino se vería otra vez truncado, pues el precio que tuvo que pagar por su libertad sería vender el cuerpo de la adorable María.

Años más tarde y entrada en la pubertad, María se enamoró por primera vez. Él era Miguel, un cliente habitual y un hombre sin prejuicios ni juicio y la única persona que le daría Amor. Tanto le quería que dejó de cobrarle, pues sus encuentros fueron forjando una relación basada en el placer carnal y fruto de esa pasión,  a los nueve meses vería la luz a la nueva vida “Miguelín”.

María, una madre precoz y en pecado concebido, sin saber cómo afrontar su situación, abandonó el hogar dejando a Miguelín a cargo de Josefa y Miguel. Su escapatoria la conduciría hacia Barcelona, hospedándose en la residencia Albergue de San Antonio.
Cómo ya era mayor de edad, María se saltó los horarios y empezó a vivir intensamente y a vivir su propia vida, quizás una vida de perdición… Extrangera, bella, alta y con presencia, todos se giraban al verla pasar.

En una de sus fiestas conoció a Javier y a Pedro. Javier, más alocado que Pedro, llevó a María de ruta por EUA en un intento por conquistarla aunque fallido, porque al volver María decidió quedarse con Pedro, más responsable y de buena familia, porque creyó tener con él la vida solucionada.
Poco tiempo después se casaron María y Pedro y tuvieron un precioso niño al que llamaron Jorge.

Cuando el bebé iba creciendo, María tomó la decisión de dejar el trabajo para dedicarse al hogar. Abrió una tienda en El Barrio de Gracia de Barcelona de ropa y accesorios infantiles y de esta manera llevar una vida más sostenible. A ratos libres, María se vería con alguno de sus clientes. Uno de ellos, Ángel, muy concurrido, iba a visitarla cuando finalizaba su jornada laboral puesto que Pedro, director comercial de una empresa suiza, solía estar más de viaje que en la ciudad condal.
María aunque quisiera a Pedro, estaba muy enamorada de Ángel. El era un hombre “persona”. Tan solo había un pequeño inconveniente para los dos…era el padre de su marido.

Pasó el tiempo y la confianza entre ambos fue creciendo. Su relación era cada vez más estrecha. Tanto es así que en uno de sus encuentros secretos no tomaron precaución. Nunca imaginaron que con ambas edades, María 40 y Prudencio 64 años, fuera a ocurrir nada…y ese nada…soy YO.

By Meri Farnell

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